jueves, 18 de septiembre de 2008

Addis celebró la fiesta del león Kenenisa



Este texto lo escribimos en Addis el sábado 23 de agosto. Por algún motivo se quedó colgado en el ciberespacio y no llegó a publicarse. Tras nuestro regreso lo recuperamos para actualizar el blog mientras reponemos fuerzas.

En Etiopía el atletismo es una religión. Y Kenenisa su dios. La coronación definitiva de Bekele en Pekín desató la locura. El preludio lo puso Tirunesh Dibaba el viernes, con el doblete femenino en 10.000 y 5.000. Pero nada ni nadie es ahora capaz de movilizar a la gente como el atleta que hace cuatro años en Atenas tomó el relevo de Haile Grebresalassie, la leyenda viva que se despidió del olimpismo con un sexto puesto en los 10.000 metros.
La plaza Meskel es un amplísimo espacio en el corazón de Addis Abeba, un enorme anfiteatro en el que cada mañana cientos de chavales entrenan subiendo y bajando unas escaleras que, a 2.400 metros de altitud, parten las piernas y abren en canal los pulmones a cualquiera. Buscan corriendo la puerta de salida de la miseria porque el atletismo, además de una religión, es la esperanza que les queda a muchos de dejar atrás las penalidades. En Meskel ayer no se corrió, se saltó y se cantó durante los trece minutos que el héroe de Arsi empleó en correr los 5.000 metros. Hubo momentos de temor cuando se quedó solo tirando de los atletas kenianos y del americano. Pero un grito unánime explotó cuando en la última vuelta volvió a dejar a todos atrás. Los gritos de ambesa, ambesa (león, en amariña) eran ensordecedores.
Los guardias de tráfico nada pudieron hacer. La amplia avenida que cruza la plaza se paralizó. La enorme explanada en la que está la pantalla gigante era pequeña para tanta emoción. Desde los coches, subidos a los techos de las furgonetas, desde cualquier balcón de los edificios que rodean la plaza. Todo el mundo quería ayer vibrar con Kenenisa. Y allí estábamos unos pocos faranyis celebrando como habeshas la victoria de Kenenisa en una carrera en la que corrió también el español Alemayehu, nacido en esta populosa y frenética ciudad.
La difícil situación del país, el encarecimiento de los alimentos básicos en un 300 por ciento lo que va de año, el estrechamiento de las libertades políticas que muchos denuncian. Nada pudo contener la alegría por la hazaña de un pequeño atleta que confirmó ayer el dominio absoluto de este país orgulloso en el imperio del atletismo de fondo.
Solo una tremenda tormenta, de las habituales aquí en esta época del año a la hora en la que se corrió la carrera, fue capaz de dispersar a la multitud que saboreaba la victoria. Y mientras pudieron lo hicieron al ritmo de la canción Ambesa Kenenisa (León Kenenisa) compuesta, cuando el etíope deslumbró al mundo en Atenas, por Teddy Afro, el icono pop que lleva meses en la cárcel a la espera de un juicio que aquí dicen que tiene toda la pinta de responder a la capacidad de movilización de las letras del cantante contra el gobierno.
Pero ayer solo había un ídolo. La continuidad de la estirpe abisinia que comenzó con Abebe Bikila está garantizada. Meseret Defar, Tirunesh Dibaba, Sileshi están ahí para acompañar a Kenenisa en el olimpo del atletismo. En Etiopia hay un solo dios verdadero. Por el mundo le llaman Bekele. Aquí es simplemente Kenenisa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien regresado. Os hemos echado de menos... espero que el viaje haya sido todo lo que esperabais y algo más.
Eugenia

Marina dijo...

Hace un año pasé muchos ratos frente a la plaza Meskel, en el restaurante, mientras los niños entrenaban y yo alucinaba por el surrealismo de la pantalla frente a tanta miseria. Gracias por hacerme vivir de nuevo una de aquellas tardes.

ankami dijo...

Gracias Eugenia y Marina
Espero que pronto podamos reanudar la actividad en el blog. Estamos aterrizando, adaptándonos a la vida del invierno (colegios, trabajos...) y poniendo orden en todo lo que traemos de Etiopía.
Un saludo.